Marcela Mardones
Agradecida de Dios por haber nacido mujer; hoy empoderada.
Madre de tres hermosas hijas, abuela chocha de una nieta y seis nietos, quienes han logrado sacar lo mejor de mí.
De profesión Paramédico, En los últimos años me he dedicado a impartir cursos a diferentes empresas; pero, por sobre todo; ¡soy una hija amada por Dios!

Normalizando conductas
Por Marcela Mardones
“Cuando una situación se repite de forma continua en nuestras vidas, se llega a normalizar el comportamiento y a creer que es parte de nuestra realidad. Por lo tanto no se hace nada para ponerle fin a dicha situación”.
A partir de mi segunda infancia (siete años), comencé a vivir abusos sexuales y fui violada en dos ocasiones, (dos hombres diferentes), estos abusos sexuales se extendieron hasta mi pre-adolescencia (doce años) Durante esta etapa los seres humanos experimentamos un desarrollo significativo… en diversas áreas; como el físico, social, cognitivo y emocional.
Estos abusos tuvieron lugar en un contexto de pobreza, abandono, desamor y absoluto descuido por parte de mis Padres, ellos me descuidaron; lo que hizo de mi una niña vulnerable y un blanco fácil para los vecinos y familiares con mentes pedófilas.
“Pedofilia, consiste en la excitación o el placer sexual que obtiene una persona adulta al tener fantasías sexuales con niños”
Fueron cinco años en los que de manera consecutiva, estos vecinos y familiares me vulneraron sexualmente. Esta conducta o repetición hizo que yo, “normalizara” la situación y cuando cumplí catorce años, comencé a asistir a una iglesia evangélica, ahora los abusos se dieron en un contexto, que se suponía era de “protección” (por parte de un pastor y un ministro), me converti en una adolescente precoz y comencé a pololear con un hombre mayor, doce años más que yo; Él se convirtió en mi esposo y padre de mis tres hijas…( con los años me di cuenta que él también me violó).
Tenía 31 años, cuando me separe de mí ahora ex-esposo, luego de 15 años de matrimonio, me enfrentaba al mundo, otra vez sola y el fantasma del abuso sexual reapareció, ahora los abusadores tenían rostros de amigos y compañeros de trebajo; cada vez que un hombre me tocaba de manera sexual, yo, me paralizaba nunca supe o pude gritar, golpear, empujar, defenderme. A veces eran los esposos de mis amigas, en sus casas esperaban que sus esposas (mis amigas) no estuvieran mirando y me manoseaban… (Tampoco podía hacer o decir algo)
Recién a mis cincuenta años, comencé a analizar mi niñez, adolescencia y adultez y me di cuenta de que había normalizado algo que no era normal y el porqué de mis respuestas físicas y emocionales a todo lo que tenía que ver con el sexo. A partir de entonces he verbalizado esta situación.
Hoy, a mis 56 años ya reconciliada con esa niña que fui; pude perdonar a cada hombre que me dañó (varios ya muertos) y por sobretodo perdonar a mis padres.
No ha sido fácil y el camino ha sido largo, pero en este proceso doloroso he entendido que mi Dios, bueno, grande, generoso, tierno y perdonador, estuvo, está y estará siempre conmigo…
“Busco mi Dios en mí y lo encuentro”
Conozco a Marcela hace treinta años, ella es mi gran amiga de todos estos años, gran mujer, trabajadora, con una bella familia…pero esta increíble nota, me deja en un abismo de tristeza, me impulsa a pedir perdón en mi calidad de hombre y a nombre de todos esos malvados abusadores, ¡sabiendo que existen otros tantos escondidos!.
La valentía de esta guerrera de la vida, al denunciar, desde su tremenda y dolorosa experiencia, ¡merece ser reconocida!, porque evidentemente será un ejemplo para miles de mujeres que sufren el mismo desamparo y el mismo abuso. Gracias Marcela querida por denunciar y verbalizar tu vivencia, porque seguro servirá a otras voces aun calladas..
Patito , mi gran amigo y últimamente mi confidente.
Gracias por regalarme este maravilloso espacio.
Eres parte de esta hermosa familia de buenos amigos, gracias por tu gran valentía, te quiero mucho
Que fuerte leerte querida amiga, es una realidad que está presente en millones de hogares de nuestra nación y en el mundo entero. Cómo tú dices, normalizados muchas conductas humanas, violencia, vejaciones sexuales, engaños etc, etc. Doy gracias a todas aquellas personas que se atreven a denunciar y sacar a luz estás atrocidades, también agradezco a Dios que puede y tiene poder para sanar y transformar esos rencores, rabia, angustias y sufrimiento en un poder perdónador. Gracias querida amiga por abrir mis ojos y hacerme más conciente y empático con mi prójimo, te bendigo y espero puedas ayudar a muchas personas. Un abrazo
Gracias JC, hermano amado y siempre recordado.
Decidí hacerlo público porque esta será mi bandera de lucha.
Gracias por empatizar.