Cuento del Cantor Patricio Ignacio Ibarra
Nadie sabía en aquel pintoresco, “pueblo amargo”, desde
donde había venido Julián, cuando algún curioso le
preguntaba; ¿de dónde viene usted Julián?, el, con serena
calma le decía; ¡me vine p´aca! Y si insistente inquiría el
preguntón sobre su origen; Julián con calma; ¡me vine de
allá!, indicando con su dedo índice, algún perdido lugar
en cualquier punto del horizonte.
Cuchicheaba la gente que este joven Julián debía tener
forzosamente algún tipo de discapacidad mental, porque
él nunca actuaba como los demás, pues , si alguien
abusaba de él, lanzándole una ofensa o un empujón para
provocarle, Julián respondía con una cariñosa sonrisa
ante el escarnio, algunos le gritaban; ¡defiéndete Julián!
¿Más él? Siempre con su sonrisa, también en otras
ocasiones, cuando le contaban que algún vecino había
tenido una desgracia, enfermedad o dolor; ¡Julián
inconsolablemente lloraba!
En ese “Pueblo Amargo”, que curiosamente alguien había
bautizado así, ocurrían muchas rencillas entre los pocos
vecinos que allí Vivian, cosa muy extraña por cierto, en
un lugar con tan pocos habitantes, ¡siempre había de
suceder alguna pelea en el sitio ese! Y este mal que
padecía el caserío aquel, era como un manto de amarga
niebla que había caído sobre ellos, produciendo una
constante tristeza en los rostros de aquellas pobres
personas y eso, los marcaba a todos como un sino fatal y
solo los niños escapaban de aquella malvada herencia de
vivir en diaria amargura, pero al llegar apenas a la
pubertad, los niños ya adolescentes emprendían el
camino de sus mayores y entraban en peleas,
murmuraciones y conflictos.
Desde el mismo alcalde don Justo Romero hasta el último
de los habitantes, padecían de este extraño mal; ¡el de no
poder convivir en paz!, las gentes de otros pueblos
bautizaron a aquel sitio como; “Pueblo Amargo y Triste”,
otras gentes que habían prácticamente escapado de allí,
se juramentaban diciendo;¡nunca hay que volver al
pueblo Montañez! Y no pocos pensaban que pronto, el
famosillo lugar seria llamado “Pueblo Fantasma”
Obviamente por aquella tan maltrecha fama, nadie jamás
visitaba ese pueblo cordillerano, pero, justo a ese preciso
lugar había llegado el extraño y mentado Julián, ¡quizá de
donde! Y por eso causaba un tremendo efecto de
sorpresa la visita de Julián al pueblo, tanto así que, Le
apodaron peyorativamente como ;”Julián el extraño” y
esa morbosa curiosidad extrema, unida a la forma tan
curiosa de vivir de aquellos pobladores, Que era de
continuas peleas y sospechas, supusieron entonces que
aquel extraño muchacho era un espía de otros sitios y
que algo malo se traía entre manos.
Así fueron pasando los días y entonces quedó clarísimo
que Julián debía ser un descerebrado o deschavetado,
porque el actuar de este joven era muy, muy raro, ¿Cómo
podía ser que algún individuo no actuara tal como las
demás gentes del pueblo? Y ¡eso era verdad! Julián
actuaba siempre diferente a todos los demás, ante las
agresiones… ¡sonrisas! y Ante el dolor ajeno ¡lagrimas
sinceras!
Con el correr de los meses, ocurrió que los pueblerinos ya
no miraban a Julián como amenaza y lo aceptaron como
“un miembro especial” o mejor dicho como el miembro
“tonto” de Pueblo Amargo.
Un día, sucedió una de tantas desgracias en el pueblo, el
hijo pequeño del alcalde había contraído una grave
enfermedad, Julián estaba esa mañana en la droguería y
al enterarse de este suceso, se puso a llorar
inconsolablemente, para los demás era tan extraño este
llanto, que el mismo alcalde don Justo Romero hizo traer
a su casa a Julián, para que visitara al pequeño
enfermo…Llegó este joven, llorando al lecho del niño casi
moribundo, con ese llanto tan sincero que conmovía a
todos los presentes, porque sin ser familiar, aquel
extraño Julián, lloraba con dolor sincero las tristezas de
los otros, justo en ese instante, el pequeñito alargó su
mano hacia los ojos lagrimosos de Julián, y ¡justo allí
amigos!, sucedió algo maravilloso, porque las manos del
moribundo niño, al contacto de ese llanto tan intenso,
empezó a experimentar una notable mejoría y fue tanto
así, que el niño milagrosamente se levantó de su lecho…
¡Asombro general en Pueblo Amargo!, así mismo tituló el
pasquín del pueblo, esta fabulosa noticia y que se
repartió hasta en los pueblos cercanos.
Todo el pueblo concurrió, en una masiva marcha para
cerciorarse con sus propios ojos del milagroso evento y
aun el mismo alcalde confirmaba y contaba con lágrimas
en sus ojos, diciendo a todo el mundo que; ¡las lágrimas
de Julián sanaron a mi hijo!, entretanto el doctor
confirmaba con un detenido chequeo médico, la total
mejoría, del antes agónico pequeño.
A todo esto, la gente abrazaba a Julián y sonreían, pero
sucedía también que al estrechar las manos del joven
Julián experimentaban un tremendo y drástico cambio,
así fue, que los vecinos reunidos allí, se pedían disculpas
unos a otros y se abrazaban y reían…Aquella mañana, el
sol salió con fuerza, pero era un sol diferente y este acto
fue coronado con la más buena convivencia entre los
presentes que antes eran presos de sus propios males y
egoísmos.
Cambio todo en el pueblo, ¿por fin había vida en común!,
el vecino ayudaba a su vecino, las mujeres no
murmuraban y en general ahora todos en ese pueblo, se
sentían como amigos…
Don Justo, el alcalde hizo en días posteriores al suceso,
realizo una encuesta simple, con dos preguntas al pueblo;
¿Debemos cambiar el nombre al pueblo?
¿Debemos otorgar una condecoración a Julián?
El pueblo entero estuvo más que dispuesto a decir SI a las
dos preguntas del alcalde, entonces acordaron hacer la
ceremonia el día doce de febrero ¡claro que sí!, pues
ahora todos miraban a Julián como un santo en vida,
¡ahora reinaba el respeto y cariño entre las personas!
Todos asistieron a la ceremonia del doce de febrero y
cuando descubrieron la placa con el nuevo nombre, todos
aplaudieron y coincidían en que el nombre “Pueblo Feliz”
era el nombre más adecuado para su pueblo, pero,
también ocurrió otro hecho ese día, que entristeció a
todos en “Pueblo Feliz”, Porque cuando quisieron
entregar la medalla a Julián, este no fue hallado por
ninguna parte,
Unos niños dijeron que Julián; ¡se había marchado
temprano de allí! Dejando solo una nota para la gente del
pueblo y que decía;
“Amigos míos; ante la ofensa, ¡una sonrisa! y ante el dolor
ajeno; ¡lagrimas sinceras! Esas cosas hacen la felicidad y
provocan respeto y solidaridad entre los humanos”,
Julián
El alcalde leyó conmovido aquella nota y todos
comprendieron lo profundo del mensaje; que solo se
puede vivir feliz si se ama y respeta al prójimo… hoy
cualquiera puede acceder a vivir en pueblo feliz, porque
todos son muy bienvenidos
Hoy en día, no se visita mucho a Pueblo Feliz, porque no
se ubica en los mapas
Epilogo:
Julián observo desde un pequeño portezuelo, aquel fértil
valle allí abajo, un pintoresco lugar en donde se veían
muchas casitas,
Luego leyó el cartel informativo de aquella zona
cordillerana;
Pueblo Oscuro: 3700 habitantes
Luego, Julián empezó a bajar, con su tranquilo paso de
paz, la pequeña cuesta que lo llevaría a ese nuevo pueblo.
Patricio Ignacio Ibarra
Cantor.