SE APAGA UNA VOZ, PERO NO SU CANTO
Hoy, 18 de septiembre de 2026, cerca de las 14:00 horas, partió mi querido amigo Patricio Ignacio Ibarra, el “Pato” Ibarra.
Cuesta escribir estas palabras cuando no se despide solamente a un músico, sino a un amigo, a un compañero de camino y a un hombre cuya vida estuvo profundamente ligada a la música.
Pato nació en San Bernardo el 10 de abril de 1956, en el seno de una familia de músicos y cantores populares. Subió por primera vez a un escenario cuando tenía apenas ocho años y desde entonces hizo del canto una manera de vivir. Fueron más de seis décadas dedicadas a crear, interpretar y compartir música por Chile y también fuera de nuestras fronteras.
Su obra fue enorme: Más de 3.500 composiciones y 26 producciones discográficas, transitando por la cueca, el folclor, la balada, el bolero, el rock y otras expresiones de nuestra música popular.
Pero reducir a Patricio Ibarra a cifras sería injusto.
Pato fue creador, compositor, cantor popular, escritor, investigador, productor y formador de músicos. Participó en proyectos de rock, música andina y folclor; formó el Dúo Metamorfosis; fue parte de la historia de Banda Azeta, Koinonia, Milenio e Inmortal, entre otros proyectos, tambien desarrolló durante décadas una incansable labor de creación y difusión artística.
En 1987, junto a otros músicos y amigos, participó en la formación de FAMUC, con el sueño de unir la escena musical y generar espacios donde el arte pudiera ponerse también al servicio de los demás. Décadas después volvió a levantar ese sueño, siendo parte fundamental de la recuperación de la Fundación de Artes y Músicos Cristianos.
También dejó una profunda huella en nuestra música tradicional. En 2009 fundó Los Carampiolas, proyecto desde el cual desarrolló centenares de cuecas originales y aquello que él mismo denominó la cueca carampiolera.
Su creatividad tampoco quedó encerrada en las canciones. Publicó Versos al Viento y dejó diversos trabajos literarios e investigaciones sobre la cueca, cuentos, versos y décimas.
Desde 2017 enfrentó un cáncer de colon. Lo hizo sin abandonar aquello que había marcado toda su existencia: crear, cantar, escribir y encontrarse con otros músicos. Incluso en los últimos años continuó grabando, componiendo y regresando a los escenarios cuando sus fuerzas se lo permitían.
Pero el día de hoy no quiero despedir solamente al músico que aparece en una biografía.
Quiero despedir a mi amigo.
Al hombre con quien compartimos conversaciones, proyectos, sueños, música y también la fe. Al Pato inquieto, creativo, apasionado, a veces imposible de contener cuando una nueva canción, una historia o una idea comenzaba a darle vueltas en la cabeza.
Hoy su guitarra queda en silencio, pero no sus canciones.
Porque hay músicos que simplemente interpretan canciones y hay otros que terminan convirtiéndose ellos mismos en parte de la canción.
Pato fue uno de ellos.
Querido amigo, gracias por la música.
Gracias por las conversaciones.
Gracias por los sueños que alcanzamos a compartir.
Gracias por FAMUC y por todo aquello que sembraste en tantos músicos y amigos.
Como creyentes, nuestra despedida no está desprovista de esperanza. Creemos que la muerte no tiene la última palabra y que llegará aquel día en que el Eterno vuelva a reunir aquello que hoy, con tanto dolor, debemos despedir.
Hasta siempre, querido Patricio Ignacio Ibarra.
Tu voz se apagó esta tarde, pero tu canto seguirá resonando en quienes tuvimos el privilegio de caminar contigo.
Marco Barros R.
Subdirector FAMUC