Entonces los envió a predicar el Reino de Dios y a sanar a los enfermos.
Lucas 9:2
Las enfermedades no solo son físicas, también son: del alma, espíritu y corazón.
Casarse, tener hijos, estar en forma, nunca estar cansadas, no enfermarse, no andar con la cara larga, jamás decir que no a la hora del sexo, no divorciarse (aun cuando el príncipe con el que te casaste se haya convertido en sapo), etc.
¡Solo! Si sigues al pie de la letra estas exigencias “lo estás haciendo bien”.
Cuando una mujer rompe las reglas impuestas por la sociedad o una cultura, inmediatamente somos juzgadas y en muchos casos maltratadas de forma física, psicológica o verbal. Si bien es cierto, hoy nuestro país vive un “despertar social” en el que se exige para las mujeres los mismos derechos y oportunidades que para los hombres, eliminando la discriminación y la violencia, aún estamos muy lejos de alcanzarlo. Porque no se pueden cambiar de un día para otro las conductas aprendidas e internalizadas con las que se ha vivido por siglos.
(Les comparto datos parciales de los femicidios: a agosto del año en curso, ya van 160 casos, y de femicidios frustrados 239 casos. Hay que considerar que no todos los casos son denunciados).
La psicología dice que una mujer maltratada se demora, en promedio, 9 años en denunciar o en hablar lo que vive; y cuando finalmente toma fuerzas y decide denunciar a su maltratador, comienza a sufrir otro tipo de maltratos. Ahora de parte de familiares, amigos (quienes muchas veces no le creen) y de una sociedad, instituciones y entidades que no están preparadas para acoger de forma digna, oportuna y eficiente a las víctimas. Razón por la cual muchas mujeres desisten de seguir adelante con el proceso.
Las llamo “Mujeres Rotas”.
Una “Mujer Rota” siente: vergüenza, miedo, temor, culpa, desesperanza; se siente fea, inútil, incapaz de seguir adelante sola porque carece de autoestima. Cada una de estas definiciones son un tipo de heridas hemorrágicas y, lamentablemente, no son visibles.
Sé que este tema no es nada nuevo. Solo deseo que podamos visibilizar esta realidad en la que siguen miles de mujeres, que le pongamos rostros con nombres a las estadísticas.
(Un gran amigo mío siempre dice: “Si te falla el espíritu de discernimiento, que no te falle el espíritu de cachativa”).
Lo que quiero decir e invitar es a: dejar de ver y comenzar a mirar. (Mirar implica dirigir la vista y la atención hacia algo específico con intención).
Son tantas las Mujeres Rotas (puede ser una que tú conozcas y no lo sabes).
Si no sabes cómo ayudar o sientes que no cuentas con las competencias para hacerlo, entonces pide la ayuda de nuestro Señor Jesucristo y la guía de su Espíritu Santo.
Puedo, puedes, podemos.
Pongámosle rostro a las estadísticas.
Soy Marcela Mardones. Si me quieres contactar, puedes hacerlo. Pide mi número de teléfono a Patricio.
¡Gracias!