Por: Patricio Ibarra
Cuando joven de 19 años, fui dando mis primeros pasos en la fe cristiana, en el Movimiento Revolución de Jesucristo,allá por el año 80, teníamos la buena costumbre de juntarnos cada sábado para hacer ayuno y oración, Todos los jóvenes de esos días, compartíamos nuestra fe con alegría, luego, nos íbamos a predicar con bombos, guitarras y banderas al paseo ahumada, en donde testificábamos del tremendo cambio que habíamos tenido cada uno, al declarar públicamente que Jesucristo nos había recibido y que su maravilloso Espíritu Santo había entrado a nuestros corazones¡maravillosos e inocentes días aquellos!.
A mí, me gustaba mucho ir con mi guitarra a cantar solitariamente a un cerro cercano y justamente en una de esas tantas oportunidades, empecé mi oración al Padre Celestial con la frase; ¡Señor muéstrame tu gloria!, Recuerdo que era un día nublado y que me sucedió una experiencia muy bella y especial, en aquel cerro pude ver luego de mi oración un luminoso relámpago, ¡sin la típica contestación de un trueno!, después de un par de horas en aquel otero, baje muy contento para volver a mi casa, meditando en el extraño suceso, me sentía realmente especial y extasiado por aquella linda contestación a mi oración, ¡sin dudas Dios nos ama!, Pero con el paso de los años, mi meditación se hizo más profunda y pensé cuan atrevido fui al pedirle al buen Padre Celestial, tal cosa, de que me mostrara su Gloria, por la sencilla razón de que aquel cerrito estaba lleno de verdísimo pasto, de flores y pajaritos que cantaban y revoloteaban, también en las noches las estrellas brillando hermosamente en el firmamento, y mis hijitos hermosos, ¡mi Dios hace rato que venía mostrando su gloria no solo a mi sino a toda la humanidad…! “Solo teníamos que ver”…
Cuando una persona se vuelve creyente, la gran mayoría empieza a vivir un proceso de cambios radicales en su vida,Se hace entonces asiduo de estudiar la palabra de Dios, de vivir una vida devota y de servicio en su lugar de congregación, cosas todas muy saludables y fortalecedoras, que van produciendo profundidad en el creyente, la vida junto a otros símiles, produce también una saludable Koinonia, comunión, crecimiento y compañerismo entre ellos, cosas estas que son inherentes y saludables a todo cristiano.
Pero, algunos viejos creyentes señalándoles,religiosamente; dicen de ellos; “es que tienen el primer amor”, pienso que esta es una declaración un poco peligrosa y lapidaria, pues se infiere de ella, que en algún momento,ya no tendrán; ¡ese primer amor! luego, el camino del creyente ya no es tan diáfano, pues se empieza a caminar entre piedras y zarzamoras, que van obnubilando su visión,algunos de ellos, con tanto estudio, se envanecen por su conocimiento religioso recién adquirido, otros, se ensoberbecen por el hecho de activar más que los demás y además porque se han transformado en “lideres” y no siervos, muchos también, se fanatizan insanamente al declararse cristianos, porque sencillamente van despreciando a sus padres, familias, hermanos y amigos…por la sencilla razón, de que van encerrándose en un “círculo santo”, ¡una burbuja! donde todo se mira como pecado,
La enajenación entonces, va produciendo rupturas críticas en los antiguos lugares y dominios, si se puede decir, que frecuentaba y transitaba el ahora creyente…
He visto muchos creyentes “orgullosos de su saber”, otros tantos, desprecian a la sociedad y las antiguas amistades, otros, solo quieren cantar canciones de Cristo y no soportan que una canción social o de amor a una pareja, no diga nada de Cristo, La enajenación entonces ya se vuelve una realidad y es como aquellos días de los ascetas y ermitaños que se apartaban de las sociedades en que vivían y que por supuesto, interpretaban muy mal las palabras de Jesús,cuando dice; “vosotros no sois del mundo, estáis en él, pero no sois del mundo”.
¿Quién no se enamora?, ¿Quién no trabaja en la sociedad?
Lo cierto es que Somos creyentes; ¡hombres y mujeres reales viviendo en este mundo!, pero sabemos que no somos ni pertenecemos a “este mundo”, porque tenemos otra nacionalidad, somos nación santa, somos un pueblo adquirido por Dios, pero; sujetos a las pasiones humanas, como todos los grandes profetas que nos precedieron, por lo cual debiéramos practicar el amor al prójimo, a comunicarles el amor y el mensaje potente de Dios, ¡dar las buenas noticias!
En nuestro entorno, en nuestro medio en nuestro trabajo, en la oficina, en la construcción etc… ¡Dando en todo lugar razón de nuestra fe!, mostrando un verdadero testimonio de cambio y radicalidad, con la sencillez del Cristo…con su calidez y su amor, pero también con la firmeza que tuvo El…
Enajenación, jamás es el camino…
En síntesis; ¡es andar como Cristo anduvo¡ porque Él es el camino…
Entonces, hay que saber tomar la cruz y avanzar…
Así es! Tomar nuestra cruz que es admitir nuestra realidad y por muy triste, dolorosa o alejada de lo que queremos que esta sea, hay que no dejar de mirar a nuestro maravilloso Señor Jesús y seguir avanzando. Un día a la vez. No es fácil al menos para mi no lo es, pero sigo buscando a mi Dios en mi y cada día es más claro y soleado tal como me gustan los días.