Por Marcela Mardones
A menudo pienso en mí, después de la muerte o la vida, según lo que quiera ver. Muy locamente imagino a las personas más importantes en mi vida (casi siempre son mis hijas), hablando de cómo era: mi comportamiento frente a determinadas situaciones, las cosas que me gustaban y las que no, por las que me enojaba y aquellas que me alegraban. Pero todo lo que recuerdan y hablan de mí, es mi propio reflejo… en el fondo quisiera que así me recordaran.
-Soy la escritora y directora de los recuerdos que vendrán después de mi muerte-Lo que he visto tras la muerte de una persona, paradójicamente es el reconocimiento que le damos, el que faltó entregarles en vida. Destacar sus virtudes, aciertos y bondad. Siempre digo que no hay muertos malos; sin embargo en vida observamos sus errores, equivocaciones, falencias, debilidades, pecados, como quieran llamarle.
Puede que todo esto, sea parte de mi imaginación. Nunca he tenido certeza si estoy “un poco loca o un poco cuerda”.
De lo que estoy segura, es que cuando llega el momento de enfrentarse al dolor de ser testigo de la muerte de un ser amado, quisiéramos retroceder el tiempo pero ¡Ya ni modo!
Es complejo hablar de este tema, no es recurrente. Particularmente no me molesta, creo que por mi profesión. Durante 30 años he lidiado con la muerte desde muy cerca, he visto la última espiración de muchas personas, tantos, pero tantos cuerpos extinguirse que se ha vuelto cotidiano. Tal vez es por eso que pienso constantemente en mi propia muerte. En definitiva, digo con firmeza que no quiero ser olvidada. Al menos no por mis descendientes. No obstante, no paro de preguntarme, ¿qué pasa cuando somos olvidados en vida? ¿Es el rencor, enojo, orgullo, simplemente la rutina, una vida apurada, mecanizada o una vida irreflexiva? Cuéntame, cuándo fue la última vez que dijiste te amo o agradeciste, la última vez que acariciaste u honraste. Te invito a tomarnos una pausa diaria para pensar. Abracemos, acariciemos, sirvamos, agradezcamos, perdonemos; miremos a los ojos y tomemos las manos de otros.
Nos invito a no olvidar…
Soy Marcela Mardones.