Por Patricio Ibarra
Comunicación del músico cristiano
La comunicación entre el músico y el público debe ser sencilla, clara y reducida. En lo posible, no alargarse en explicaciones entre canción y canción. Jamás en la prueba de sonido, el músico al tomar el micrófono debe decir frases como: “aleluya”, “un, dos, tres, probando”, “Gloria a Dios”, “Amén”, “Gloria al Cordero”, etc., y esto no debe ocurrir por dos razones:
1. Está parcelando su público, quizás haya inconversos allí, los que posiblemente dirán: ¡Ah, estos son canutos, me voy!, o bien dirán: ¡otro fanático más!
2. Está usando términos teológicos que sólo los cristianos (algunos) entienden. Imagínese una persona que nunca leyó la Biblia y que jamás supo de la Salvación… Ahora, imagínese cuáles serían sus pensamientos al oír frases como: ¡Cúbreme con tu Sangre, Cordero Santo! o ¡El Cordero es mi propiciación! Si yo estuviera en su lugar no entendería nada.
Pablo usó un lenguaje que todos podían entender. Con los hebreos usó el lenguaje que ellos entendían. Con los griegos, usó el griego. Nosotros debemos hacer lo mismo. Usar un mensaje sencillo y entendible, es la clara enseñanza en las Escrituras. Mi consejo en este caso, es que el cantante pruebe el micrófono cantando.
Otra cosa muy importante es que los músicos Cristianos debemos saber y entender que el peor enemigo nuestro es la fama. Billy Graham dijo que el hombre de Dios tiene tres enemigos, el dinero, el orgullo y el sexo. Creo que estos tres, se conjugan peligrosamente cuando un músico empieza a ser conocido y requerido por el pueblo de Dios. Cuando llega esta fama que puede fácilmente desequilibrarnos, debemos cuidarnos muchísimo para no caer en la tentación de ser “más” que los demás, de sentirnos “más” que los demás, debemos pensar que “La Fama” es un arma de doble filo, también en el ejemplo del Señor Jesús, al saber que por “su fama” la gente quería hacerlo Rey y El, siendo Rey, no aceptó la propuesta. Hace unos años, una misión chilena invitó a cierto grupo de Músicos cristianos a venir a Chile a realizar conciertos y eventos en distintos lugares, (tengo que decir que son muy conocidos en el medio cristiano y de corte Rock) ellos aceptaron venir y enviaron su contrato de 50 páginas, con todas las comidas diarias de cada integrante, de cuantas bebidas, ¡ah!! El hotel debía ser de: ¡5 estrellas! Esta escena triste de parte de estos “siervos de la música” me hace recordar Hechos 16:9-10 en la visión del varón Macedónico, rogando a Pablo, pasa acá a ayudarnos, y Pablo procuró partir dando por cierto, que Dios lo llamaba para predicar el evangelio… ¡Pablo era un siervo! Recuerda usted, la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, la multitud con palmas gritando ¡Hosanna, Hosanna!, había mucha alegría y jolgorio. Probablemente el burro en que Jesús iba montado creyó que la fiesta era en su honor, (Aunque yo, prefiero pensar que el burrito aquel, se sintió tan bendecido y honrado de saber, que sobre sus lomos llevaba al Salvador) somos los músicos los que tenemos el problema de la vanidad y debemos luchar en contra de eso. Porque algunos músicos de hoy, al parecer creen que la gloria, el honor y la alabanza son suyas, ¡cuán equivocados están! La gloria pertenece a Dios. Los Romanos tenían una saludable práctica anti-fama, anti-vanidad. Y era que cuando un general ganaba una batalla determinante, se hacía en Roma, la capital del imperio, un triunfal desfile en donde venían, primero; las legiones victoriosas con las insignias y estandartes del triunfo, luego seguían los siervos con los tesoros y riquezas obtenidos en las campañas, más atrás encadenados, los esclavos capturados, luego los guerreros más fieros encadenados, seguían los príncipes y nobles de las tierras vencidas, ahora como simples siervos, después entraban las legiones vencedoras, luego venía el general victorioso. En toga (túnica) especial para la ocasión, el carruaje con bordados de oro y caballos blancos, pasaba por las calles adornadas de guirnaldas y flores, la multitud estallaba en aplausos a su general ganador, la gente deliraba de patriotismo y amor por el salvador de la patria, imagínese como estaría la vanidad y el orgullo de este general ante tal muestra de adhesión y amor. ¡casi como un “artista” de hoy! Pero ellos, los romanos ponían en el carruaje del general victorioso, al más humilde esclavo para que le fuera gritando al oído; ¡no te envanezcas! recuerda que eres mortal! (Historia universal Roma Carl Grimberg, libro 5, página 102)
¿Cómo está mi amigo hermano? Excelente práctica que debiera servirnos de incentivo. Así que Cuando le lluevan felicitaciones, dele la gloria a Dios, no se quede usted con ella, usted sólo es un instrumento en sus manos.
Del libro el Ministerio musical contemporáneo